A principios del S. XX, Dale Carnegie se di� cuenta que se ignoraba c�mo se pod�a persuadir a las personas. En el libro "C�mo ganar amigos e influir en las personas", basado en la experiencia propia y de muchas mas personas, se recogen unas sencillas reglas que de observarse pueden cambiar sustancialmente su vida. Gran �xito de ventas en su d�a, tras un par�ntesis en el olvido, vuelve a estar rabiosamente de actualidad. De hecho, gran parte del marketing moderno se basa en sus ideas. A continuaci�n puede leer un extracto del libro.
REGLA 1. No critique, no condene ni se queje. La cr�tica es in�til porque pone a la otra persona en la defensiva, y por lo com�n hace que trate de justificarse, tratando adem�s de censurar a su oponente. La cr�tica es peligrosa, porque lastima el orgullo y despierta su resentimiento. En lugar de censurar a la gente, tratemos de comprenderla. Tratemos de imaginarnos por qu� hacen lo que hacen. "No juzgues si no quieres ser juzgado" Nuevo Testamento. Cuando tratamos con la gente debemos recordar que no tratamos con criaturas l�gicas. Tratamos con criaturas emotivas, criaturas erizadas de prejuicios e impulsadas por el orgullo y la vanidad. "No hablar� mal de hombre alguno y de todos dir� todo lo bueno que sepa" Benjamin Franklin.
REGLA 2. Demuestre aprecio honrado y sincero. S�lo hay un medio para conseguir que alguien haga algo, y es el de hacer que el pr�jimo quiera hacerlo (beneficio propio), que le sea productivo. "Todo lo que usted y yo hacemos surge de dos motivos: el impulso sexual yel deseo de ser grande" Dr. Sigmund Freud. "El impulso m�s profundo de la naturaleza humana es el deseo de ser importante" Dr. John Dewey. Muchas personas que enloquecen o se suicidan encuentran en ese estado ese sentido de su importancia que no pudieron obtener en el mundo de la realidad. Ahora imag�nese los milagros que usted y yo podremos lograr si damos al pr�jimo una honrada apreciaci�n de su importancia. "Considero que el mayor bien que poseo es mi capacidad para despertar entusiasmo entre los hombres, y que la forma de desarrollar lo mejor que hay en el hombre es por medio del aprecio y el aliento. Nada hay que mate tanto las ambiciones de una persona como las cr�ticas de sus superiores. Yo jam�s critico a nadie. Creo que se debe dar a una persona un incentivo para que trabaje. Por eso siempre estoy deseoso de ensalzar, pero soy remiso para encontrar defectos. Si algo me gusta, soy caluroso en mi aprobaci�n y generoso en mis elogios" Charles Schwab. Con frecuencia damos tan por sentada la presencia de nuestro c�nyuge que nunca le manifestamos nuestro aprecio. Alimentamos los cuerpos de nuestros hijos y amigos y empleados; pero muy raras veces alimentamos su propia estima. La diferencia entre la apreciaci�n y la adulaci�n es muy sencilla. Una es sincera y la otra no. "Pasar� una sola vez por este camino; de modo que cualquier bien que pueda hacer o cualquier cortes�a que pueda tener para con cualquier ser humano, que sea ahora. No la dejar� para ma�ana, ni la olvidar�, porque nunca m�s volver� a pasar por aqu�." Dale Carnegie. "Todo hombre que conozco es superior a m� en alg�n sentido. En ese sentido, aprendo de �l". Emerson.
REGLA 3. Despierte en los dem�s un deseo vehemente. El �nico medio de que disponemos para influir sobre el pr�jimo es hablar acerca de lo que �l quiere, y demostrarle c�mo conseguirlo. "La acci�n surge de lo que deseamos fundamentalmente y el mejor consejo que puede darse a los que pretenden ser persuasivos, ya sea en los negocios, en el hogar, en la escuela o en la pol�tica es �ste: primero, despertar en la otra persona un franco deseo. Quien puede hacerlo tiene al mundo entero consigo.. Quien no puede, marcha solo por el camino" Dr. Henry A, Overstreet. "Si hay un secreto del �xito, reside en la capacidad para apreciar el punto de vista del pr�jimo y ver las cosas desde ese punto de vista as� como del propio" Henry Ford. Si un vendedor puede demostrarnos que sus servicios o sus productos nos ayudar�n a resolver nuestros problemas, no tendr� que esforzarse por vendernos nada. Los pocos individuos que sin ego�smo tratan de servir a los dem�s tienen enormes ventajas. No hay competencia contra ellos. "El hombre que se puede poner en el lugar de los dem�s que puede comprender el funcionamiento de la mente ajena, no tiene por qu� preocuparse por el futuro". Owen D. Young